La seguridad en la nube funciona, pero no como un sistema unificado

Por Remitido

Hablar de la nube hoy no es hablar de una tendencia tecnológica, es hablar de una pieza imprescindible del negocio. Cada vez más empresas migran sus infraestructuras a proveedores cloud con la promesa de menos hardware, menos mantenimiento, menos licencias y menos tiempo invertido en operaciones que no generan valor.

Buena parte de esa promesa se ha cumplido. La nube ha democratizado capacidades que hace unos años estaban reservadas a organizaciones con grandes recursos.

Lanzar un servicio, ampliar capacidad o desplegar una nueva región es hoy más fácil, más rápido y más accesible. Pero como suele ocurrir en tecnología, la historia se vuelve más compleja cuando se revisa al detalle. Porque la nube simplifica la infraestructura, pero no necesariamente simplifica cómo se opera esa infraestructura.

El primer matiz aparece cuando entramos en los servicios que no son puramente computación o almacenamiento. Hablamos de servicios como el balanceo de carga, la seguridad, los certificados digitales, los firewalls de aplicaciones, la monitorización o la observabilidad.

En el catálogo del proveedor cloud la tecnología está ahí, disponible, pero se vende por piezas. Seguridad, por un lado, certificados por otro, observabilidad por otro, y capacidades avanzadas que se facturan aparte. El cliente no se queda sin servicio, pero sí con una pregunta recurrente: ¿qué hay que contratar realmente para estar protegido y operar con garantías?

Es ahí donde la factura, económica y operativa, empieza a crecer. No porque la nube sea cara, sino porque requiere ensamblar componentes que, en la práctica, deberían comportarse como una solución coherente.

Los proveedores cloud no venden soluciones, venden componentes

Cuando se revisa en detalle la oferta de seguridad de un proveedor cloud, se descubre que se vende por componentes. Certificados digitales, firewalls de aplicaciones, protecciones DDoS y herramientas de monitorización por separado.

Esta modularidad tiene lógica desde el punto de vista del catálogo, pero obliga al cliente a ensamblar piezas que, en la práctica, deberían funcionar como un sistema coherente. No todas las empresas tienen el tiempo, el talento o el presupuesto para hacer de integrador.

A esto se suma que los eventos se cobran por request, por regla, por inspección o por volumen de tráfico. Las métricas y logs existen, pero con muestreo, sin correlación clara y con poca utilidad para entender qué ha pasado cuando algo falla.

Nada de esto cuestiona la seguridad en la nube, no es tanto un problema técnico como un problema de modelo. La seguridad en la nube se comercializa como producto, pero se utiliza como servicio. Y cuando hay un desajuste entre cómo se compra algo y cómo se usa, la fricción aparece tarde o temprano.

Modular vs Gestionado: dos modelos para un mismo problema

La clave no está en si la seguridad es buena o mala, más o menos completa o más o menos avanzada. La pregunta relevante es quién se responsabiliza de operarla. Porque operar seguridad no es solo adquirir tecnología, es mantenerla, afinarla, revisarla, correlacionar logs, actualizar reglas y detectar comportamientos anómalos sin bloquear tráfico legítimo.

En una solución puramente modular, esa responsabilidad recae casi siempre en el cliente. Sin embargo, en un modelo gestionado, esa carga operativa cambia de lugar.

Si se comparan ambos enfoques, las diferencias son claras:

En un modelo modular, el cliente paga por cada pieza y se encarga de ensamblarlas.

En un modelo gestionado, la pieza no es lo importante, sino el resultado operativo.

La facturación cambia de impredecible a estable, la observabilidad cambia de parcial a completa, y la responsabilidad cambia del cliente al servicio.

SkudoCloud, como ejemplo de este cambio de enfoque

Ahí es donde están apareciendo nuevos modelos gestionados, como SkudoCloud, que no pretenden reemplazar al proveedor de nube ni competir como infraestructura, sino dar coherencia operativa entre balanceo, seguridad y visibilidad.

SkudoCloud es una plataforma SaaS que permite desplegar un servicio de balanceo avanzado y protección de aplicaciones sin tener que ensamblar distintos módulos cloud. Desde la misma interfaz, el cliente puede gestionar certificados SSL/TLS, inspeccionar tráfico cifrado, aplicar reglas de WAF, distribuir carga entre backends y supervisar el comportamiento de la aplicación.

La diferencia más relevante está en la seguridad. En el modelo cloud modular, el cliente debe decidir qué contratar, qué reglas activar, cómo correlacionar logs y cómo mantenerlo todo actualizado. En SkudoCloud los certificados, el WAF, la inspección TLS y el balanceo de carga se comportan como un sistema unificado y gestionado. El cliente no tiene que reconstruir el “stack de seguridad”, ni asumir la responsabilidad de operarlo.

Esto tiene tres consecuencias directas para la empresa.

Reduce la incertidumbre operativa: no hay que elegir entre módulos ni preguntarse si falta algo para estar protegido.

Mejora la visibilidad, porque los eventos de seguridad no se dispersan en diferentes servicios, sino que se correlacionan dentro del mismo contexto.

Elimina una parte del riesgo financiero, porque la seguridad no se factura por tráfico, reglas o inspecciones, sino como servicio gestionado.

En definitiva, lo que modelos gestionados como SkudoCloud introducen, no representa solo una nueva forma de desplegar seguridad, sino una nueva forma de adquirirla.

Conclusión

La adopción cloud ya es un hecho. La cuestión ahora es cómo operarla de forma sostenible. La fragmentación fue un efecto secundario natural durante la fase de migración. La unificación será, probablemente, el tema central de la fase operativa.

Las empresas están aprendiendo que la nube simplifica los servidores, pero no necesariamente las operaciones. Y ahí es donde se está produciendo la siguiente ola de innovación.