Una emprendedora que empezó vendiendo bocadillos a 1,50 € en Casas-Ibáñez, un pueblo de Castilla-La Mancha, y hoy es referente en marca, comunicación y franquicia, tras participar como ponente en el Foro de Emprendimiento del Ayuntamiento de Albacete.
Emprender no siempre empieza en grandes ciudades, con inversión, estructuras potentes o redes de contactos. En muchas ocasiones, el emprendimiento nace en pueblos, desde la necesidad, la intuición y la supervivencia. Desde entornos donde crear un negocio significa hacerlo sin padrinos, sin foco mediático y con recursos muy limitados.
Ese es el origen de Da Vinci 19, un proyecto gastronómico nacido en el entorno rural de Castilla-La Mancha que ha logrado consolidarse como una marca reconocida a nivel nacional, con premios, expansión como franquicia y una comunidad digital construida sin agencias ni apoyos externos.
La historia fue compartida recientemente en el Foro de Emprendimiento del Ayuntamiento de Albacete, donde María Teresa Cuesta, fundadora del proyecto, participó como ponente junto a otros perfiles empresariales. El acto institucional estuvo encabezado por el alcalde Manuel Serrano López y la concejala de Emprendimiento y Oportunidades, Lucrecia Rodríguez de Vera Mas.
Durante la ponencia se expuso un recorrido poco habitual, pero profundamente representativo del emprendimiento real: desde la apertura de un pequeño bar en un municipio rural, pasando por el cierre total durante la pandemia —con una importante pérdida económica— hasta la reconstrucción del proyecto a partir de una decisión clave: convertir la comunicación propia y las redes sociales en una herramienta estratégica de supervivencia y crecimiento.
“Cuando presentamos la documentación para franquiciar, nos dijeron que no teníamos nada: ni marketing, ni seguidores, ni visibilidad. En lugar de rendirnos, decidimos formarnos, mostrarnos y contar nuestra historia”, explicó María Teresa Cuesta durante su intervención.
Ese punto de inflexión marcó el crecimiento del proyecto y dio lugar a un modelo de franquicia propio (DaVinci 19), diseñado desde la experiencia real y adaptado a la realidad de muchos emprendedores. Un modelo pensado para ser rentable, operativo y accesible, que reduce la inversión inicial, optimiza la gestión del local y ofrece formación y acompañamiento continuo al franquiciado. No se trata de una expansión acelerada, sino de un sistema probado, flexible y replicable, capaz de funcionar tanto en entornos urbanos como rurales.
Precisamente este enfoque —basado en la innovación del modelo, su viabilidad económica y su impacto en el territorio— fue uno de los factores determinantes para la concesión del Premio AJE Joven Empresario, que reconoce proyectos con visión estratégica, crecimiento sostenible y capacidad de generar oportunidades reales para otros emprendedores.
A este reconocimiento empresarial se suman varios premios gastronómicos que han validado la propuesta desde el producto y la ejecución, entre ellos el Mejor Sándwich de España 2025, la Tercera Mejor pizza de Castilla-La Mancha 2024 y distintos galardones en concursos locales y regionales, como premios a la mejor tapa. Reconocimientos que reflejan un trabajo constante y una apuesta por la calidad, incluso en contextos de máxima dificultad.
Lejos de ocultar su origen, Da Vinci 19 decidió hacer del entorno rural uno de los pilares de su identidad. En lugar de aspirar a parecer una gran marca urbana, el proyecto apostó por un relato auténtico, coherente y cercano, conectado con la realidad de miles de pequeños negocios que emprenden sin recursos ni reconocimiento inicial.
Hoy, el crecimiento del proyecto se apoya en hitos concretos y medibles: premios empresariales y gastronómicos de ámbito nacional y regional, la firma de su primera franquicia en Albacete capital y la construcción de una comunidad digital sólida que funciona como currículum público y activo estratégico de marca.
“Venir de un pueblo no ha sido un freno, ha sido una ventaja. Representamos a muchas personas que emprenden sin recursos, sin contactos y sin foco mediático, pero con una enorme capacidad de trabajo y adaptación.”
La historia de Da Vinci 19 se consolida así como un caso real de emprendimiento, comunicación y resiliencia, alineado con algunos de los grandes retos actuales: el impulso del emprendimiento femenino, la España rural, la lucha contra la despoblación, la creación de marca desde cero y el uso estratégico de las redes sociales como motor económico.
Da Vinci 19 ya no es solo un negocio gastronómico. Es un ejemplo vivo de cómo una historia bien contada, nacida en un entorno rural, puede convertirse en modelo, marca y referencia nacional, demostrando que emprender desde los pueblos no solo es posible, sino necesario.
Una historia que muchas instituciones quieren impulsar… y que ahora empieza a contarse fuera del circuito local.