La selva, la conciencia y el manuscrito imposible; Manuel Justicia debuta con ´Nak’tural. La Primera Semilla´.

Por Remitido

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CÍRCULO ROJO.-. Hay historias que se leen como una aventura y otras que se sienten como un ritual. Nak’tural. La Primera Semilla, el debut literario de Manuel Justicia, pertenece a esa extraña categoría de libros que no solo narran un viaje, sino que invitan al lector a cuestionarse el suyo propio.

Publicado tras dos años de escritura, documentación y revisión, este primer manuscrito abre la puerta a un universo narrativo donde la naturaleza no es un decorado, sino un lenguaje antiguo capaz de responder a las grandes preguntas humanas: la vida, la muerte, la reencarnación o el sentido de la existencia.

El autor, que lleva escribiendo desde la infancia y que más tarde canalizó su mundo interior a través de la poesía influida por la música urbana, da ahora el salto a un relato híbrido que combina ficción, espiritualidad y aventura, con un tono envolvente y simbólico.

Un manuscrito hallado bajo raíces y siglos

La novela se inicia con el hallazgo de un objeto imposible: un manuscrito encontrado en un templo devorado por la selva, fabricado con un material desconocido y cubierto por signos que no coinciden con ninguna escritura registrada. La ciencia fracasa. Los algoritmos fracasan. Y solo queda una opción: no traducirlo, sino sentirlo.

Así comienza una expedición encabezada por el arqueólogo Nicolás Diéguez y un equipo internacional de investigadores que se adentra en el Amazonas para someterse a una ceremonia chamánica de ayahuasca. La experiencia abre un umbral en el que el libro se convierte en algo más que un documento: un portal hacia un pasado remoto, casi inconcebible, y hacia una forma de conocimiento que no se aprende con la mente racional, sino con la percepción alterada y el cuerpo.

El lector entra entonces en un mundo de tribus antiguas, ecos de civilizaciones perdidas y creencias que conectan lo vegetal con lo sagrado, en una mitología donde cada planta guarda un secreto y cada bioma es una filosofía de vida.El regreso a lo natural como acto sagrado

La novela, además, se construye como una especie de “primer códice” o “primera entrega”: un manuscrito inicial que funciona como introducción a un mundo mucho más amplio. De hecho, el propio autor plantea este libro como el inicio de una serie de futuros hallazgos, “próximos manuscritos encontrados”, donde irán apareciendo nuevos personajes, verdades y revelaciones.

La obra se dirige a un público amplio: desde quienes buscan una historia de expediciones, rituales y civilizaciones antiguas, hasta quienes desean una lectura cargada de reflexión metafísica sobre el rumbo de la humanidad y los límites de la conciencia.

Justicia reconoce que la inspiración del libro nace de una experiencia espiritual personal vivida años atrás, una vivencia de conexión extrema con todo lo que le rodeaba —“las estrellas, el viento, las hojas, incluso el asfalto”— y que transformó su manera de entender el mundo.

Esa huella está presente en cada página: Nak’tural. La Primera Semilla no pretende imponer respuestas, sino dejar espacio para que cada lector saque sus propias conclusiones “sin prisa”, como quien escucha un relato alrededor de un fuego antiguo.

SINOPSIS 

Tras el hallazgo de un manuscrito imposible —tejido con símbolos que no pertenecen a ninguna lengua conocida—, cinco investigadores se adentran en la selva para intentar descifrarlo. Lo que encuentran no es un texto… sino una puerta. Una memoria viva que no habla a la razón, sino al alma; un rastro de un mundo anterior al nuestro, donde la naturaleza lo era todo y la humanidad aún recordaba quién era.

Pero hay verdades que hunden sus raíces en la oscuridad, y despertar la Primera Semilla podría desatar algo que el tiempo quiso enterrar para siempre.

Nak´Tural: La Primera Semilla es una novela de exploración sensorial y transformación interior. Un viaje al origen. A lo que fuimos… y aún somos.

AUTOR

Manuel Justicia

Nacido en 1994, en un lugar donde la lluvia aún dialoga con la tierra, aprendió pronto que la naturaleza guarda una voz que solo se revela a quien sabe detenerse. Escribe para recordar ese latido y esa conexión profunda que sintió un día, de niño, jugando en soledad, abrazado por la profundidad del bosque. Escribe para honrar la memoria de lo que fuimos antes del ruido, y de lo que seremos cuando nuestra luz se apague.

Esta es su primera obra publicada, después de muchas notas y proyectos perdidos en el tiempo: hojas sueltas que nunca encontraron su destino y que hoy, de algún modo, germinan en estas páginas.

Cree en los silencios.

En lo pequeño.

En los gestos que no se ven.

Y en la palabra escrita como un puente entre mundos.

Aspira a que cada lector encuentre aquí un refugio, un espejo o una raíz a la que aferrarse cuando la velocidad del mundo amenaza con arrancarnos de lo esencial.

Hasta que, como un claro en mitad del bosque,

la luz vuelva a encontrar su camino hacia nosotros.