En la silenciosa pero decisiva carrera por transformar el modelo energético, los avances más sólidos no siempre se anuncian con estridencia. Algunos se consolidan bajo tierra, lejos de focos y titulares grandilocuentes. La geotermia de baja temperatura se está revelando como uno de esos progresos estructurales que marcan época.
En el Centro Deportivo Público de Rafelbunyol (400KW), una instalación desarrollada por DCL Geoenergía —compañía perteneciente al Grupo Itecon— demuestra que la eficiencia energética y la descarbonización pueden ser, al mismo tiempo, técnicamente avanzadas y económicamente sensatas.
La tecnología implantada permite generar calefacción y refrigeración de forma simultánea mediante el intercambio térmico con el subsuelo, cuya temperatura permanece estable durante todo el año. Este principio, aparentemente simple, se traduce en reducciones de consumo energético superiores al 70 % respecto a sistemas convencionales y en una drástica disminución de emisiones de CO₂. En instalaciones deportivas, donde la climatización de piscinas y la producción de agua caliente sanitaria exigen un aporte térmico constante, el impacto es especialmente relevante.
El sistema incorpora además almacenamiento térmico estacional: el excedente energético puede inyectarse en el terreno en periodos de baja demanda y recuperarse cuando las necesidades aumentan. Esta gestión inteligente estabiliza el rendimiento anual y optimiza la infraestructura existente. No se trata únicamente de sustituir combustibles fósiles, sino de rediseñar la lógica energética.
Un elemento estratégico adicional es la obtención de Certificados de Ahorro Energético (CAE), que permiten cuantificar y monetizar el ahorro generado. La eficiencia deja así de ser un compromiso abstracto para convertirse en un activo financiero verificable, reforzando la viabilidad de las inversiones públicas.
La trayectoria de DCL Geoenergía, con más de quince años de desarrollo en I+D+i aplicada a soluciones geotérmicas, avala esta evolución. Entre sus referencias destacan el complejo de Parque Central en Valencia, con cerca de 1 MW térmico para edificios protegidos, y el emblemático Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, donde la potencia que se está instalando supera los 4 MW, consolidando una de las aplicaciones geotérmicas más significativas en edificación singular en España y Europa.
El caso de Rafelbunyol, entre otras muchas instalaciones, no es una excepción aislada, sino la confirmación de una tendencia: la geotermia de baja temperatura ha dejado de ser una alternativa experimental para convertirse en infraestructura estratégica, el objetivo: Construir un sistema energético más limpio, estable y duradero.
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