El coste global del cibercrimen supera los 10,5 billones al año y los ciberataques en España crecen un 45%

Por Redacción

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El impacto económico del cibercrimen continúa creciendo a escala global, hasta superar ya los 10,5 billones de euros anuales, mientras que el coste medio de una brecha de seguridad se aproxima a los 4 millones de euros, en un contexto en el que España destaca entre los países con mayor volumen de ciberataques observados por NTT Data durante el primer semestre de 2026.

En ese periodo, el equipo de ‘Cyber Threat Intelligence’ de la compañía identificó 879 ataques en la muestra analizada, lo que supone un 45% más que los 605 registrados en la segunda mitad de 2025.

Estos datos confirman el crecimiento sostenido de la actividad maliciosa dirigida al tejido empresarial español y superan la evolución observada en otras economías europeas de referencia como la alemana, que registró un incremento del 31%.

El aumento registrado en España fue impulsado por el repunte de campañas de ‘ransomware’ (secuestro de datos), ‘phishing’ (suplantación de identidad), extorsión digital y filtraciones de datos.

Al mismo tiempo, los investigadores advierten de que la creciente profesionalización de los grupos criminales y el uso de nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, están aumentando la frecuencia y efectividad de este tipo de ataques.

Esta subida de los incidentes se produce en un contexto en el que la ciberdelincuencia ya representa el 20,6% de toda la criminalidad registrada en España y donde las estafas informáticas concentran más del 90% de los delitos cibernéticos detectados.

Asimismo, el informe identifica como una tendencia especialmente relevante para el mercado español que el fraude digital se ha consolidado como la principal amenaza para empresas y usuarios, impulsado por la reutilización de datos comprometidos en campañas de suplantación de identidad, ‘phishing’ y otros engaños.

El incremento observado en España se enmarca en una evolución más amplia del panorama global de amenazas.

En este contexto, Europa Occidental figura entre las regiones más expuestas del mundo, donde economías como Francia, Alemania, Italia y España han visto reforzada su exposición debido a su elevada digitalización, su integración en cadenas de suministro internacionales, su dependencia de servicios públicos digitales y el actual contexto geopolítico.

En este marco de creciente interconexión entre organizaciones, proveedores y plataformas digitales que está ampliando la exposición a las ciberamenazas en numerosos sectores, el turismo representa en España un ejemplo especialmente ilustrativo como reflejo del nuevo escenario de riesgo.

Esta vulnerabilidad responde a su alta dependencia de servicios digitales y al intercambio constante de información entre múltiples actores.

Por su parte, la inteligencia artificial se ha consolidado como uno de los principales multiplicadores de las capacidades ofensivas de los ciberdelincuentes.

Su impacto no reside únicamente en la aparición de nuevas técnicas de ataque, sino en su capacidad para hacer más creíbles, escalables y eficaces amenazas ya conocidas.

De este modo, los ataques basados en el robo de identidades, credenciales o accesos legítimos se benefician de contenidos generados automáticamente, campañas de ‘phishing’ hiperpersonalizadas y técnicas de suplantación cada vez más convincentes.

FRAGMENTACIÓN DEL ECOSISTEMA CRIMINAL

Además, estas nuevas herramientas contribuyen a reducir las barreras de entrada y facilitar el acceso a capacidades avanzadas a actores con menor especialización. Finalmente, los investigadores destacan una creciente fragmentación del ecosistema criminal.

La presión policial sobre los grandes grupos, unida a la disponibilidad de herramientas apoyadas en inteligencia artificial y servicios ilícitos especializados, está favoreciendo la aparición de estructuras mucho más pequeñas y flexibles.

Por ello, frente a las grandes organizaciones que dominaban el panorama hace unos años, cada vez es más frecuente encontrar parejas o pequeños equipos capaces de ejecutar campañas sofisticadas sin necesidad de pertenecer a redes criminales de gran tamaño, en una tendencia que previsiblemente continuará durante la segunda mitad del año.